Hola gordos. Acabo de terminar Backrooms y no puedo evitar pensar algo: Hace poco me había puesto a indagar en esa idea de que cada época crea su propio relato de terror con un monstruo que reune las características de lo que incomodaba a cada sociedad: El diablo primeramente es la culpa y el desorden, tal vez la anomia; Frankenstein es el miedo al avance de la técnica y las nuevas formas de relacionarse con ella; los zombies y la mente colmena fueron la respuesta de la sociedad al anonimato y el consumo; el vampiro es la reacción a la degeneración de la sexualidad y al extranjero, después Drácula sería su articulación al oscurantismo burgués; la bruja es el miedo a los judíos (?).
Recordando cómo se gestó el concepto de las ''backrooms'' me pareció que, al darse de manera tan orgánica, es fácil conjeturar que se esparció tan rápidamente y tomó vuelo apresurado porque es un reflejo de algo que incomoda hoy día, el monstruo se escapó.
Mi pregunta es:
¿Que es eso que reflejan las backrooms que incomoda a la sociedad del sXXI?
Por la superficie se me ocurrió el déficit meritocrático de este ultra-hiper-turbo-neo-gtaV-capitalismo (tal vez por ésto la entrada a la backroom se encuentra debajo del lugar de trabajo del protagonista, que además era una frustración para él): El avanzar continuamente hacia nuevos estadíos que terminan llegando a ningún lado, hasta el punto en el que, si no desembocaste en la locura, llegas a pensar que todo el mundo es lo mismo una y otra vez. Tal ves el miedo a que el mundo sea lo mismo una y otra vez.
Pero la película después condimenta con una capa psiquica, te ambienta escenas con discursos grises y repetitivos psicoanalíticos y termina de subir un peldaño la figura de la psicóloga en la trama, quien ya mantenía un diálogo constante con el protagnoista y con el espectador. Entonces mi hipótesis sale de la terrenalidad y empieza a jugar con el mundo de las ideas, o de las no-ideas, o de la infinidad. No me termino de decidir si encarar el camino de lo psicológico o del miedo que supone la infinidad. O peor: No reconocer el infinito.
¿Hay un terror constante por perderse dentro de uno mismo? ¿Por eso el protagonista se apacigua una vez acepta el quilombo en el que decidió meterse? Y arrastrar a otros ¿Por eso una representación grotesca de él parece intencionado de abrazarlo y se lo termina comiendo?
¿O es la civilización parada ante el sosiego y la incertidumbre de avanzar constantemente en tanto a lo técnico y al final tener que rendirse para aceptar que la realidad es abstracta en sí misma? Que hay una imposibilidad inherente en la sustancia de las cosas, como la crítca aristotélica al mundo de las ideas de Platón. Medio lovecraftiano: aquello que termina por enloquecer a los hombres es la revelación de la verdadera composición del universo: lo no humano más allá del tiempo, el más allá de los límites del espacio, las formaciones biológicas antiquísimas que no tienen para con nosotros ningún tipo de clemencia, el secreto que guardan las estrellas distantes, el valor nulo de la especie humana en la matemática universal.
Se me ocurren mil cosas, pero como me fume un porrito potente antes de ver la peli no estoy como para compactar ideas. Me interesa saber que opiniones u ocurrencias les suscita a ustedes esta idea que les deslizo.
Los leo.
Recordando cómo se gestó el concepto de las ''backrooms'' me pareció que, al darse de manera tan orgánica, es fácil conjeturar que se esparció tan rápidamente y tomó vuelo apresurado porque es un reflejo de algo que incomoda hoy día, el monstruo se escapó.
Mi pregunta es:
¿Que es eso que reflejan las backrooms que incomoda a la sociedad del sXXI?
Por la superficie se me ocurrió el déficit meritocrático de este ultra-hiper-turbo-neo-gtaV-capitalismo (tal vez por ésto la entrada a la backroom se encuentra debajo del lugar de trabajo del protagonista, que además era una frustración para él): El avanzar continuamente hacia nuevos estadíos que terminan llegando a ningún lado, hasta el punto en el que, si no desembocaste en la locura, llegas a pensar que todo el mundo es lo mismo una y otra vez. Tal ves el miedo a que el mundo sea lo mismo una y otra vez.
Pero la película después condimenta con una capa psiquica, te ambienta escenas con discursos grises y repetitivos psicoanalíticos y termina de subir un peldaño la figura de la psicóloga en la trama, quien ya mantenía un diálogo constante con el protagnoista y con el espectador. Entonces mi hipótesis sale de la terrenalidad y empieza a jugar con el mundo de las ideas, o de las no-ideas, o de la infinidad. No me termino de decidir si encarar el camino de lo psicológico o del miedo que supone la infinidad. O peor: No reconocer el infinito.
¿Hay un terror constante por perderse dentro de uno mismo? ¿Por eso el protagonista se apacigua una vez acepta el quilombo en el que decidió meterse? Y arrastrar a otros ¿Por eso una representación grotesca de él parece intencionado de abrazarlo y se lo termina comiendo?
¿O es la civilización parada ante el sosiego y la incertidumbre de avanzar constantemente en tanto a lo técnico y al final tener que rendirse para aceptar que la realidad es abstracta en sí misma? Que hay una imposibilidad inherente en la sustancia de las cosas, como la crítca aristotélica al mundo de las ideas de Platón. Medio lovecraftiano: aquello que termina por enloquecer a los hombres es la revelación de la verdadera composición del universo: lo no humano más allá del tiempo, el más allá de los límites del espacio, las formaciones biológicas antiquísimas que no tienen para con nosotros ningún tipo de clemencia, el secreto que guardan las estrellas distantes, el valor nulo de la especie humana en la matemática universal.
Se me ocurren mil cosas, pero como me fume un porrito potente antes de ver la peli no estoy como para compactar ideas. Me interesa saber que opiniones u ocurrencias les suscita a ustedes esta idea que les deslizo.
Los leo.