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¿También yo fui feminista?

Recuerdo la primera vez que algo parecido al feminismo, a la perspectiva de género, a la preocupación por "la cuestión de las mujeres" me chocó de frente. Tenía 19 años de vida como varón heterosexual de los 90, y mientras estudiaba abogacía, al tratar el tema del comienzo de la existencia de la persona humana, inevitablemente nos enfrentamos a la pregunta por la legalidad del aborto. Recuerdo la tranquilidad, la seguridad, la pereza de espíritu con la que tomé por cierto que el aborto nunca iba a ser legal en Argentina, porque eso iría en contra de la Convención sobre los Derechos del Niño, que protege a la persona humana "desde la concepción". Al llevar esa conversación de la universidad pública al ámbito privado con mi novia de ese entonces, me dijo las palabras que hicieron que comiencen a resquebrajarse las seguridades con las que me acercaba a esta temática: si los hombres fueran los que quedan embarazados, el aborto sería legal desde hace mucho tiempo.

Entonces era el año 2012, se había incorporado el tipo penal del femicidio, y en las cursadas de Derecho Penal y Derecho Constitucional era motivo de debate si esa tipificación afectaba o no la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres. Todavía faltaban ocho años para que se aprobara la ley de interrupción voluntaria del embarazo a finales de 2020.

En 2015 empezaron las marchas del Ni una menos. Ahí anclo (aunque tal vez no exactamente en 2015, pero seguro que antes de 2018) las primeras discusiones sobre el rol de los varones en esta cuestión. Inicialmente sobre un aspecto muy concreto: ¿debían ir los varones a las marchas del Ni una menos? Recuerdo dos argumentos que para mí resolvían esa controversia. El primero se podría titular el argumento del protagonismo. La lucha contra la violencia de género es algo que atañe a las mujeres y debe ser protagonizada por mujeres, teniendo los varones, como perpetradores de esa violencia, que abstenerse de querer figurar. El segundo podría llamarse el argumento del espacio seguro. Como la mayoría de las mujeres vivieron situaciones de violencia por razones de género, es muy posible que se de la situación de que un varón que ejerció violencia sobre una mujer esté en una marcha, generando una situación que haga revivir la violencia a la mujer que fue víctima, desalentando de esta manera su participación en la convocatoria.

En 2018 se empezó a debatir el proyecto de ley del aborto en el Congreso Nacional. En junio la Cámara de Diputados le dio media sanción, y en agosto la Cámara de Senadores rechazó el proyecto. De esta época recuerdo que había un argumento para ubicar a los varones en esta controversia: si la opinión es emitida por una persona sin útero, esa opinión no es relevante en el debate. Al mismo tiempo, en abril nació el Colectivo de Actrices Mujeres y en noviembre Thelma Fardín denunció a Juan Darthés por abuso sexual.

En 2020 se creó en la estructura del gobierno nacional el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad; y en la Provincia de Buenos Aires, el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual. A finales de ese año se aprobó la ley de interrupción voluntaria del embarazo. En 2023 cambió el signo político del gobierno nacional y el Ministerio de las Mujeres fue eliminado de su organigrama.

Aliadín o machirulo

Durante este proceso de avance y retroceso, no hubo manera legítima de ser varón feminista. Si estabas permeado por las preocupaciones feministas, se te señalaba como un falso aliado, aliade (peyorativo producto de la mezcla de aliado y un uso libre del lenguaje inclusivo) o aliadín (peyorativo mezcla de aliado y violín, que a su vez es la palabra usada como figura retórica para referirse a un violador sexual en potencia o en acto). Estos señalamientos podían venir tanto de varones como de mujeres. Al mismo tiempo surgieron términos en inglés como mangina (contracción de man y vagina) o soyboy (chico-soja, en alusión a la ausencia de masculinidad en el consumo de soja o alimentos no cárnicos en general), neologismos para designar al hombre afeminado, poco masculino o que compartía preocupaciones con el feminismo.

Y si no eras un varón con preocupaciones feministas, si no tenías ninguna modificación de las conductas asociadas a lo varonil como se entendía en la crianza mayoritaria de los 90, te cabía el mote de machirulo, con el sentido de ridiculizar esas posiciones de macho o machista.

Esto generaba un problema de difícil solución en una época difícil de la vida. Los varones señalaban, correctamente, a los traidores a la fraternidad masculina que pretendían renunciar voluntariamente a sus privilegios de género; y las mujeres correctamente manifestaban su desconfianza frente a los pretendidos varones feministas, quienes muy difícilmente podían deconstruirse de una marcha para la otra, acusando una búsqueda acomodaticia o de quedar bien de la boca para afuera. En esa disyuntiva entre cooperación y conflicto, la búsqueda de cooperar te dejaba expuesto a ataques tanto por traidor como por hipócrita.

La posición partidaria del conflicto, por su parte, se mantuvo indemne. Los "machirulos" ganaron en tanto la ola feminista, como una verdadera ola, tuvo finalmente su momento de retroceso. Cuentan, además, con el plus de no poder ser señalados como hipócritas: siempre fueron igual de machistas. Y con el regreso del clima de época de "Dios, Patria y Familia" y el correlativo abandono de las posiciones anti familiares, anti natalistas y poliamorosas, se vieron convalidados en su resistencia al cambio: al final todo volvió a ser como era antes.

Volver mujeres

La metáfora de las olas feministas es buena, justamente, por ser una metáfora. Una imagen visual que sirve para que nos representemos algo en la cabeza. Una ola se ve venir, tiene un momento de máxima altura, rompe y retrocede. En Argentina lo que se llama "la cuarta ola feminista" puede verse venir desde 2012, tenér su punto álgido a partir de 2015, romper con la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo en 2020 y comenzar a retroceder desde entonces. Es una metáfora. No una explicación científica del cambio social.

¿También yo fui feminista? No lo sé responder. Pero sí me parece una pregunta ordenadora para encarar la próxima ola. ¿Dónde me va a encontrar el movimiento feminista en su próximo auge? Pienso que voy a tener una mayor distancia crítica respecto de las feministas que me rodean. Y que no voy a gastar ni un gramo de energía en confrontar con mis amigos hombres. Esas posiciones de cooperación y conflicto, respectivamente, no condujeron a un buen lugar desde donde tomar la ola. Profundizando la metáfora: si las mujeres feministas la surfearon, y los varones machistas la recibieron de frente sin inmutarse, a mí la ola me llevó puesto y me revolcó por toda la costa.

Por eso escribo este texto, para refregarme la cara y mirar a ver dónde quedamos después de esto.

Entrá para responder.