Hay una obsesión contemporánea por explicar a las sociedades a partir de categorías raciales, genéticas o étnicas cuando muchas veces lo verdaderamente persistente es algo bastante menos visible: la cultura.
Dos personas genéticamente muy parecidas pueden pertenecer a mundos completamente diferentes. Y dos poblaciones de orígenes muy distintos pueden terminar compartiendo una misma manera de relacionarse con la autoridad, la familia, el trabajo, el honor, la religión, la violencia, el dinero o el Estado.
Argentina es un ejemplo extraordinario.
El gaucho no tiene demasiado sentido entendido como una categoría racial. Tiene muchísimo sentido como producto de una frontera, una economía ganadera, enormes distancias, poca presencia estatal y el encuentro entre tradiciones hispánicas y americanas.
Lo interesante es que esos tipos humanos pueden sobrevivir incluso cuando desaparece el mundo material que los produjo.
Cambiamos el caballo por una Hilux, la pulpería por una estación de servicio y la frontera por una ruta provincial, pero determinadas formas culturales pueden durar siglos.
Por eso creo que muchas discusiones modernas sobre identidad empiezan por el lugar equivocado.
La pregunta más interesante no es solamente “¿de dónde desciende esta gente?”
Es:
“¿Qué aprendió esta gente a considerar normal?”
Eso explica muchísimo más de una sociedad de lo que estamos dispuestos a admitir.
Dos personas genéticamente muy parecidas pueden pertenecer a mundos completamente diferentes. Y dos poblaciones de orígenes muy distintos pueden terminar compartiendo una misma manera de relacionarse con la autoridad, la familia, el trabajo, el honor, la religión, la violencia, el dinero o el Estado.
Argentina es un ejemplo extraordinario.
El gaucho no tiene demasiado sentido entendido como una categoría racial. Tiene muchísimo sentido como producto de una frontera, una economía ganadera, enormes distancias, poca presencia estatal y el encuentro entre tradiciones hispánicas y americanas.
Lo interesante es que esos tipos humanos pueden sobrevivir incluso cuando desaparece el mundo material que los produjo.
Cambiamos el caballo por una Hilux, la pulpería por una estación de servicio y la frontera por una ruta provincial, pero determinadas formas culturales pueden durar siglos.
Por eso creo que muchas discusiones modernas sobre identidad empiezan por el lugar equivocado.
La pregunta más interesante no es solamente “¿de dónde desciende esta gente?”
Es:
“¿Qué aprendió esta gente a considerar normal?”
Eso explica muchísimo más de una sociedad de lo que estamos dispuestos a admitir.
Respuestas: >>12631