Y lo digo como graduado de Audiovisuales. Pero me estoy dando cuenta que el nivel de saturación y exposición constante al contenido audiovisual en redes nos está arruinando culturalmente. La baja en la capacidad de abstracción, el estímulo a la imaginación, la retención de la atención. Nos dan todo ya masticado y listo para ser digerido en un clip de menos de 1 minuto cuyo único objetivo es la viralización y la reproducción masiva y repetitiva por recursión o por iteración.
Sin querer pasarme de snob, es llamativo ver cómo pasamos de un lenguaje audiovisual con una complejidad manifiesta que buscaba competir y superar al de las Artes Literarias (ver Manifiesto de la Camara-stylo), como lo fue toda la generación de cineastas del 60-70', para terminar en producciones enteramente diseñadas en función del algoritmo y para el algoritmo, el clip por el clip; argumentos oportunistas con las tendencias y conversaciones de turno, personajes posicionados como marcas comerciales de sí mismos. Publicidad que solo es interrumpida por más publicidad. En fín, todo lo que ya advirtió Matrix 4 (película infravalorada si las hay).
No es ninguna novedad que incluso ante los avances técnicos más recientes, la calidad de los productos audiovisuales haya mermado en pos de su hiper-reproducción. Nos hablaron maravillas de la digitalización, la enorme montaña de posibilidades que nos ofrecían las herramientas de edición de video, cámaras, equipos y lentes cada vez más precisos diseñados para atender las necesidades más específicas de cualquier cineasta. El sueño húmedo de Kubrick hecho realidad. Sin embargo, la caprichosa exigencia de la estandarización para las plataformas de streaming nos devuelve películas descoloridas, grises y planas. Los micrófonos, herramientas de edición de sonido y dispositivos de audio han avanzado tanto que hoy es posible aislar el sonido de un alfiler cayendo a varios metros; pero en lugar de ampliar la dimensión sonora como recurso lingüístico propio, las películas se ven dobladas y poco más narradas exhaustivamente. Las excusas son varias pero todas obedecen siempre al mismo fin estandarizador.
Y para colmo, el futuro del audiovisual ante la emergencia de las IA nos promete mayor profundización: cámaras que ya no necesitan lentes ópticos para filmar sino que poseen un sensor luz que imita a los receptores nerviosos del ojo humano y luego esos datos interpretados por una IA que nos va a devolver una imagen tan fiel cómo si hubiera sido fotografiada con una cámara convencional (https://bjoernkarmann.dk/project/paragraphica). Y lo mejor de todo es que ya no va hacer falta siquiera encuadrar un plano o iluminar una escena. Esta cámara escanea y registra todo el espacio omnidireccionalmente, permitiendo manipular y editar la escena entera en posproducción a partir de tecnología Gaussian Splatting (https://www.youtube.com/watch?v=3BsKFoU3ucg).El éxito o el fracaso de estas nuevas tecnologías, aún en su fase de experimentación, dependerá de si son optimizables para su estandarización y masificación más que por las amplísimas posibilidades que podríamos pensar que pueden ofrecer
¿Esto quiere decir que el audiovisual se encontró con sus propios límites lingüísticos? El fracaso de las vanguardias cinematográficas que hoy por hoy encuentran apenas un nicho de mercado entre festivales y plataformas especializadas como Criterion o Mubi, me hace pensar que sí. Más aún cuando tenemos en cuenta que el propio surgimiento del cine se encuentra atravesada por su gran masividad. Es imposible pensar al cine por fuera de las masas, ya que nació como un fetiche y una atracción de feria para las masas, para luego adoptar el modelo de fabricación fordista como principio de producción.
La escritura, en cambio, pre-existe a las masas ¿Será el retorno a la birome y el papel, el refugio en las catacumbas en tiempos de saturación audiovisual? Ahora sí los leo, gordos...
Sin querer pasarme de snob, es llamativo ver cómo pasamos de un lenguaje audiovisual con una complejidad manifiesta que buscaba competir y superar al de las Artes Literarias (ver Manifiesto de la Camara-stylo), como lo fue toda la generación de cineastas del 60-70', para terminar en producciones enteramente diseñadas en función del algoritmo y para el algoritmo, el clip por el clip; argumentos oportunistas con las tendencias y conversaciones de turno, personajes posicionados como marcas comerciales de sí mismos. Publicidad que solo es interrumpida por más publicidad. En fín, todo lo que ya advirtió Matrix 4 (película infravalorada si las hay).
No es ninguna novedad que incluso ante los avances técnicos más recientes, la calidad de los productos audiovisuales haya mermado en pos de su hiper-reproducción. Nos hablaron maravillas de la digitalización, la enorme montaña de posibilidades que nos ofrecían las herramientas de edición de video, cámaras, equipos y lentes cada vez más precisos diseñados para atender las necesidades más específicas de cualquier cineasta. El sueño húmedo de Kubrick hecho realidad. Sin embargo, la caprichosa exigencia de la estandarización para las plataformas de streaming nos devuelve películas descoloridas, grises y planas. Los micrófonos, herramientas de edición de sonido y dispositivos de audio han avanzado tanto que hoy es posible aislar el sonido de un alfiler cayendo a varios metros; pero en lugar de ampliar la dimensión sonora como recurso lingüístico propio, las películas se ven dobladas y poco más narradas exhaustivamente. Las excusas son varias pero todas obedecen siempre al mismo fin estandarizador.
Y para colmo, el futuro del audiovisual ante la emergencia de las IA nos promete mayor profundización: cámaras que ya no necesitan lentes ópticos para filmar sino que poseen un sensor luz que imita a los receptores nerviosos del ojo humano y luego esos datos interpretados por una IA que nos va a devolver una imagen tan fiel cómo si hubiera sido fotografiada con una cámara convencional (https://bjoernkarmann.dk/project/paragraphica). Y lo mejor de todo es que ya no va hacer falta siquiera encuadrar un plano o iluminar una escena. Esta cámara escanea y registra todo el espacio omnidireccionalmente, permitiendo manipular y editar la escena entera en posproducción a partir de tecnología Gaussian Splatting (https://www.youtube.com/watch?v=3BsKFoU3ucg).El éxito o el fracaso de estas nuevas tecnologías, aún en su fase de experimentación, dependerá de si son optimizables para su estandarización y masificación más que por las amplísimas posibilidades que podríamos pensar que pueden ofrecer
¿Esto quiere decir que el audiovisual se encontró con sus propios límites lingüísticos? El fracaso de las vanguardias cinematográficas que hoy por hoy encuentran apenas un nicho de mercado entre festivales y plataformas especializadas como Criterion o Mubi, me hace pensar que sí. Más aún cuando tenemos en cuenta que el propio surgimiento del cine se encuentra atravesada por su gran masividad. Es imposible pensar al cine por fuera de las masas, ya que nació como un fetiche y una atracción de feria para las masas, para luego adoptar el modelo de fabricación fordista como principio de producción.
La escritura, en cambio, pre-existe a las masas ¿Será el retorno a la birome y el papel, el refugio en las catacumbas en tiempos de saturación audiovisual? Ahora sí los leo, gordos...