>>9788Buenos puntos, pero ahí hay varios supuestos que se pueden discutir.
“No tiene en cuenta el factor humano”: el anarquismo no niega que exista gente con ambición de poder, egoísmo o avaricia, justamente por eso propone estructuras descentralizadas, revocabilidad de delegados, federaciones, control directo de las decisiones, y no un Estado que concentre el poder en pocas manos. No asume que todos sean buenos, afirma que nadie debería tener el poder de imponerse sobre los demás.
“Siempre va a haber alguien que quiera más poder”: cierto. La diferencia es qué se hace con esa persona. En el sistema actual, esa ambición se canaliza a través de partidos, elecciones, lobbies, empresas y Estados que le dan poder legítimo para hacerlo. En un modelo anarquista, esa persona no tendría un aparato estatal ni una estructura jerárquica permanente que le permita consolidar ese poder. No es que desaparezca la ambición, es que se le quitan las herramientas institucionales para convertirla en dominación.
“El anarquismo cae cuando uno quiere más”: eso también le pasa al sistema actual, solo que ahí no “cae”: se llama corrupción, autoritarismo, concentración de riqueza, y sigue funcionando igual. La diferencia es que en el sistema actual el poder es legal y difícil de revocar; en uno anarquista, la apuesta es que sea directo, revocable y disperso.
“Es impracticable”: se decía lo mismo del sufragio universal, del fin de la esclavitud, del matrimonio igualitario, de la jornada de 8 horas. No digo que el anarquismo vaya a funcionar mañana, pero “impracticable” suele significar “no me imagino cómo”, no “está demostrado que es imposible”.
“Por ahora es difícil ver otro camino”: de acuerdo. Eso no invalida la crítica anarquista al sistema actual, ni convierte al sistema actual en el mejor de los mundos posibles. Solo muestra que todavía no hay correlación de fuerzas para cambiarlo. Pero eso es un problema político, no un argumento contra la idea.